lunes, 19 de febrero de 2018

La gran helada de 1709

En Inglaterra se conoce al invierno de 1709 como la Gran Helada. En Francia entró en la leyenda como Le Grand Hiver, tres meses de frío letal que llevó a un año de hambruna y disturbios por la comida. En Escandinavia se congeló el Mar Báltico de tal forma que la gente podía andar sobre el hielo incluso en el mes de abril. En Suiza los lobos hambrientos entraron en los pueblos. Los venecianos se deslizaron sobre el lago helado, mientras que fuera de la costa oeste de Italia, marineros a bordo de barcos de guerra ingleses morían por el frío. “Creo que la Helada fue mayor (si no también más universal) que ninguna otra en la Memoria del Hombre”, escribió William Derham, uno de los observadores meteorológicos más meticulosos de Inglaterra. Estaba en lo cierto. Mas de trescientos años despues sigue ostentando el récord del invierno más frío de Europa.

Derham era el Rector de Upminster, a poco camino al noreste de Londres. Había estado comprobando su termómetro y barómetro tres veces al día desde 1697. De forma similar, cuidadosos observadores de dispersos por toda Europa hicieron lo mismo y sus registros coinciden notablemente. En la noche del 5 de enero, la temperatura bajó drásticamente y se mantuvo en caída. El 10 de enero, Derham registró -12 °C, la temperatura más baja jamás medida. En Francia, la temperatura bajó aún más. En París llegó a -15 °C el 14 de enero y se mantuvo así durante 11 días. Tras una breve recuperación a finales de mes, el frío retornó con furia y se mantuvo hasta mediados de marzo.

Más tarde durante ese año, Derham escribió un detallada crónica de la congelación y destrucción.Los peces se congelaron en los ríos, las piezas de caza cayeron en los campos y murieron, y los pequeños pájaros perecieron por millones. La pérdida de hierbas tiernas y árboles frutales exóticos no fue una sorpresa, pero incluso los duros robles y frenos nativos sucumbieron. La pérdida del cereal de trigo fue una “calamidad general”. Los problemas de Inglaterra fueron nimios, no obstante, en comparación con los que se sufría al otro lado del Canal de la Mancha.

En Francia, la helada se extendió por todo el país hasta el Mediterráneo. Incluso el rey y su corte en el suntuoso Palacio de Versalles sufrieron para mantenerse calientes. El Duque de Orleans escribió a su tía en Alemania: “Estoy sentado con un rugiente fuego, tengo una pantalla por delante de la puerta, la cual está cerrada, de forma que pueda sentarme aquí con una piel de marta alrededor de mi cuello y mis pies en una bolsa de piel de oso, y aún así estoy tan aterido de frío que apenas puedo sostener el lápiz. Nunca en mi vida había visto un invierno como este”.

En los hogares más humildes, la gente se iba a la cama y despertaba para encontrar sus gorros de dormir congelados en el cabecero de la cama. El pan se helada de tan forma que se necesitaba un hacha para cortarlo. De acuerdo con un canon de Beaune en Burgundy, “los viajeros murieron en el campo, el ganado en los establos, los animales salvajes en los bosques; casi todos los pájaros murieron, el vino se congeló en los barriles y se encendían fogatas públicas para calentar a los pobres”. De todo el país llegaban informes de gente que se congelaba hasta morir. Y con los caminos y ríos bloqueados por la nieve y el hielo, era imposible transportar comida a las ciudades. París esperó tres meses hasta que recibió suministros frescos.

Lo peor estaba por llegar. En todos sitios, los árboles frutales, castaños y olivos murieron. El cultivo de trigo del invierno fue destruido. Cuando por fin llegó la primavera, el frío fue reemplazado por la aún peor escasez de alimentos. En París, muchos sobrevivieron sólo gracias a las autoridades, que temiendo una revuelta, forzaron a los ricos a proporcionar comedores de beneficencia. Sin grano para hacer pan, alguna gente del país hizo “harina” moliendo helechos, añadiendo ortigas y cardos. Para el verano, hubo informes de gente hambrienta en los campos “comiendo hierba como las ovejas”. Antes de final de año había muerto más de un millón de personas de frío o hambre.

Por qué hizo tanto frío es difícil de explicar. La Pequeña Edad del Hielo estaba en su clímax y Europa experimentaba momento turbulentos: la década de 1690 vio una cadena de veranos fríos y cosechas fallidas, mientras que el verano de 1707 fue tan cálido que la gente moría de golpes de calor. Globalmente, el clima fue más frío, con la emisión del Sol en su punto mínimo en milenios. Hubo algunas espectaculares erupciones volcánicas en 1707 y 1708, incluyendo la del Monte Fuji en Japón y el Santorini y el Vesubio en Europa. Esto podría haber enviado polvo a gran altura en la atmósfera, formando un velo sobre Europa. Tal velo de polvo normalmente llevaba a veranos más fríos y a veces a inviernos más cálidos, pero los climatólogos creen que durante esta persistente fase fría, el polvo podría haber hecho caer las temperaturas tanto de invierno como de verano.

Puede que no haya una explicación simple para la Gran Helada de 1709. En las dos décadas tras ese terrible invierno, el clima se calentó muy rápidamente. Alguna gente apunta a eso y dicen que el calentamiento actual no es nuevo. Pero no son comparables. Los factores que causaron el calentamiento de entonces eran bastante distintos de los que funcionan ahora.

Comic Edita en España sobre el momento de la Gran Helada de 1709

viernes, 16 de febrero de 2018

Schwerer Gustav

Proyectado a finales de la década de los 1930 por la compañía Krupp, su coste ascendió a 7.000.000 de reichsmark, la moneda oficial alemana desde 1924 hasta el 20 de junio de 1948 y su objetivo principal, destruir la línea Maginot cuando se hiciera necesario.

Inicialmente se concibió como medio de propaganda del régimen a la par que como arma de gran alcance y poder destructivo, pero no dejó de ser un boceto hasta marzo de 1936, fecha en la que Hitler visita la fábrica interesándose por su viabilidad. A pesar de no haber dado ninguna orden al respecto, Gustav Krupp, sabedor del carácter del Führer, inició los trabajos de diseño y los correspondientes estudios balísticos; los planos fueron presentandos a la Heereswaffenamt -departamento de armamento del ejército- a principios del 1937, y su construcción comenzó el verano de ese mismo año.

Debido a su gigantesco tamaño, la tarea no era ninguna minucia. Los ingenieros encontraban serias dificultades para desarrollar tanto el sistema de carga como el tubo y, además, para facilitar su transporte, todo él debía montarse y desmontarse por secciones. Estos impedimentos hacían prever que la fecha más optimista de finalización rondaría el año 1940. Llegadas esas fechas, y tras la ocupación de Francia, Hitler, ahora ya sí, expresa su exigencia de que el cañón se convierta en una realidad, por lo que los esfuerzos para terminarlo se redoblaron: a últimos de ese mismo año se concluyó la fabricación del tubo, y durante el 1941 se hicieron pruebas de fuego real y se llevaron a cabo las necesarias modificaciones sobre el proyecto original. A principios de 1942 el conjunto fue finalmente ensamblado y se realizaron las últimas pruebas en presencia del Führer. Había llegado el momento de llevarlo al frente.

Si su construcción fue una labor titánica, su traslado no lo era menos. Se precisaban 25 vagones de tren para albergar todas las piezas, y lo acompañaban cerca de 1.400 hombres al mando de un coronel. De ellos, 500 podían considerarse sus sirvientes, encargados del mantenimiento y manejo de la munición, y el resto lo formaban una unidad de inteligencia, responsable de estudiar los objetivos a atacar, dos batallones de artillería antiaérea que protegían al Gustav del enemigo en todo momento, y dos compañías de centinelas que lo vigilaban constantemente. También había que sumar a los zapadores ferroviarios encargados del tendido de las vías, personal administrativo y un grupo de ingenieros de la Krupp atentos siempre a cualquier problema que pudiera surgir.

El ensamblado llevaba alrededor de seis semanas, y era preciso tender una vía de cuatro raíles sobre la que se disponía el Gustav con la ayuda de dos grúas-puente de 10 Tm., más otra vía adicional de dos railes para la grúa que cargaba los proyectiles. Todo el conjunto se sustentaba en el chasis, el cual, a su vez se apoyaba en cuatro bojes de 20 ejes cada uno, o lo que es lo mismo, 160 ruedas.

La primera ocasión en la que el Gustav pudo demostrar su poder fue durante el sitio de Sebastopol, cuya fortaleza era muy interesante para los nazis  como base naval y como puerto de abastecimiento para los ejércitos del sur. La batalla comenzó el 5 de junio de 1942, y al finalizar la jornada ya habían caído gran parte de las baterías de costa y el conocido como Fuerte Stalin, todo él construído en hormigón. Ese día, el Gustav efectuó 14 disparos, con una cadencia de uno cada 15 minutos.

El día 6 el objetivo fue el Fuerte Molotov, demolido por siete proyectiles. A continuación le llegó el turno al Acantilado Blanco, punto desde el que debía alcanzarse un polvorín subterráneo bajo la Bahía de Severnaya. Considerado hasta ese momento como invulnerable para las armas convencionales, al Gustav le bastó lanzar nueve proyectiles para perforar el fondo del mar, a 30 m. de la superficie, atravesar el techo de hormigón de 10 m. de grosor, y hacerlo estallar.

El día 7, con siete disparos, se dió cuenta de la fortificación conocida por los alemanes como Südwestspitze.

El día 11 cae el Fuerte Siberia con cinco impactos, y el 17, el Fuerte Gorki de otros cinco.

El 4 de julio finaliza la ofensiva. La ciudad queda devastada tras caer sobre ella más de 500.000 proyectiles, 30.000 Tm. de material arrojado por todas las piezas artilleras que participaron en la contienda. Afortunadamente, la mayoría de la población civil se pudo poner a salvo en los innumerables túneles subterráneos que horadaban el lugar.

Tras la batalla, el cañón del Gustav es desmontado y sustituído por otro de repuesto, siendo el original enviado a Essen para ser revisado, mientras el resto de las piezas son desmontadas para ser llevadas hasta la que será su próxima misión, el asalto a Leningrado. Cuando ya había sido montado de nuevo a 30 Km. de la ciudad rusa, se cancela la orden de ataque, permaneciendo allí ese invierno, y el año 1943 es trasladado de nuevo a Alemania, donde se efectúan las que serían las últimas tareas de mantenimiento.

La vida del Gustav termina alrededor de abril de 1945, cuando sus restos, inutilizados posiblemente por las propias tropas nazis para que no fueran aprovechados por los aliados, fueron hallados en un bosque próximo a la localidad de Chemnitz, cerca de la frontera con la República Checa.

Gustav tuvo una hermana gemela, Dora, que llegó a emplazarse a 15 Km. de Stalingrado estando dispuesto para entrar en acción el 13 de septiembre de 1942, sin embargo, nunca llegó a emplearse, ya que cuando el cerco a la ciudad comenzó a fracasar y las tropas nazis iniciaban la retirada, fue también destruído y sus piezas diseminadas por la Europa oriental.

El Gustav estuvo a punto de pisar suelo español, ya que Hitler pretedía utilizarlo, dentro de la Operación Félix para destruir el Peñón de Gibraltar, importante centro de comunicaciones del ejército británico que controlaba -y sigue controlando- todo el tráfico marítimo del Estrecho, pero debido a la neutralidad del gobierno del general Franco durante el devenir de la II Guerra Mundial, hizo que el plan fuera abortado.

Dora

Schwerer Gustav


Restos abandonados del Schwerer Gustav o Dora

Calibre 800mm que usaba el Schwerer Gustav

Recreacion del Schwerer Gustav en el juego Call of Duty WW2

jueves, 15 de febrero de 2018

Ordos

Desde hace unos años, China entró en una enloquecida espiral de construcción de ciudades, barrios pueblos... fantasma. Varios artículos en la red se preguntan cual es la finalidad de la Republica Popular China. Porque se construyen millones de departamentos, miles de rascacielos, casas y hasta centros comerciales que quedan completamente vacíos? Se calcula que hay 64 millones de casa vacías, y cada año se construyen 20 nuevas ciudades en las vastas tierras de nadie en el interior del país.

Sólo en China es posible un desatino de este calibre: un escenario distópico acabado y listo para usar en forma de megaciudad. Ordos, uno de los grandes proyectos para recolocación de emigrantes o desplazados en el país, está preparada para acoger a un millón de habitantes. Los cálculos más optimistas hablan de no más de 100.000 y casi todos son funcionarios públicos, obligados a la fuerza a desplazarse a la remota población, situada en el suroeste de la Mongolia Interior, una de la regiones autónomas de la República Popular China.

Una docena más Aunque las autoridades camuflan la realidad y retocan el censo añadiendo a la ciudad los residentes en toda la prefectura, el proyecto es uno de los grandes escándalos del país. El presupuesto total de la construcción nunca ha sido revelado, pero se calcula que no bajó de 200 billones de dólares, casi en su totalidad procedentes de dinero público. Al parecer no es el único caso de ciudad fantasma: la prensa ha informado de al menos una docena más de urbes construidas para nada y para nadie.

Las fotos de satélite muestran a Ordos como una ciudad moderna, planeada en forma de octaedro y con un diseño en apariencia cómodo para los habitantes. Tiene zonas residencial, con torres de hasta 20 pisos y un distrtito financeiro, con construcciones aún más altas. Ni las primeras ni las segundas han sido ocupadas. Las imágenes tomadas en la superficie urbana por el fotógrafo suizo Adrien Golinelli (1987) son desoladoras.

El documentalista acaba de publicar el libro Ordos: the Stillborn City (Ordos: la ciudad aún naciente) que muestra la demencia , megalomanía y sinsentido de una idea enloquecida.

Adrien Golinelli
Pese a que se trata de una ciudad en la estepa, un lugar con un clima extremo, Ordos sufrió una burbuja inmobiliaria antes de estar construida del todo. La cercanía de las importantes minas de carbón que abastecen a las centrales térmicas chinas hizo que los precios de las propiedades se disparasen antes de que empezaran a llegar los potenciales nuevos residentes: un apartamento de 60 metros cuadrados alcanzaba los 50.000 euros, cantidad inalcanzable para la gran mayoría de los chinos, incluso para la nueva clase media que pretendían atraer hacia el lugar.

Las fotos de Golinelli muestran un escenario "oscuro y cínico", dice Christian Caujolle en el prefacio del libro, donde el fotógrafo "se esfuerza por capturar fielmente y con una meticulosa precisión una atmósfera tan irreal que parece inventada".















martes, 6 de febrero de 2018

Los misterios de Jápeto

Japeto es la tercera luna más grande de Saturno, con unos 1.400 km de diámetro, y su nombre corresponde al dios romano de la agricultura Iapetvs, aunque también (cosas de la liosa mitología griega y transcripciones grecorromanas) a uno de los titanes hermanos de Kronos (Saturno), éste en cuestión padre de Atlas, Menoecio, Prometeo y Epimeteo.

Japeto (o Jápeto) presenta una curiosa dicotomía que lo convierten en uno de los satélites más misteriosos del gigante anillado: uno de sus hemisferios es diez veces más oscuro que el otro. Esta llamativa característica ya fue detectada por su descubridor, Giovanni Cassini, a finales del siglo XVII. Cassini supuso acertadamente que, si el satélite presentaba siempre la misma cara hacia Saturno como la Luna lo hace con la Tierra, las diferencias de brillo se podrían explicar mediante la existencia de dos hemisferios de albedo diferente.


Posteriores observadores confirmarían esta peculiaridad. Pero sería en los años sesenta cuando Japeto saltaría a la fama mundial, al convertirlo Arthur C. Clarke en el hogar del misterioso monolito de la novela 2001 (eso sí, en la película el monolito estaba situado en Júpiter y no en Saturno). En 1980 la misión Voyager 1 realizaba la primera fotografía sobre Japeto confirmando la teoría de la mitad oscura de la luna, que le valió el sobrenombre de Yin-Yang.

Llama la atención la singularidad de su órbita alrededor de Saturno. A diferencia de la inmensa mayoría de sus hermanos celestes, su trayectoria (que lo aleja a una distancia tres veces mayor que todo el sistema saturnal) es prácticamente circular, con una inclinación de quince grados sobre el plano de giro del resto de satélites y planetas y su forma, más que esférica, es esferoide (difiere un 5% de una esfera).En cuanto a su composición, la mitad diurna se compone básicamente de hielo, mientras que la parte oscura está formada por una “costra” rica en material orgánico. Las zonas de transición muestran manchas negras sobre la superficie blanca. Su densidad es de 1,21, casi como el agua (la de nuestra Luna es 3,34).La región oscura recibe el nombre de Cassini Regio y la región clara el de Roncevaux Terra.

Pero sin duda lo más impactante a simple vista es su gran “muro”, una franja de 20 kilómetros de altura situada en su ecuador a lo largo de 1221 kilómetros en línea recta.

Algo nunca visto en ningún otro satélite del sistema solar. Según la Nasa no se sabe si se trata de una cordillera o de una fractura provocada por actividad volcánica. Algunos reconocidos científicos admiten que una formación tan regular inspira cierta intencionalidadOtras imágenes captadas por la sonda Cassini muestran cráteres de forma cuadrada (aunque este efecto podría deberse a la altitud a la que fueron hechas las fotos) e incluso una “torre” de un kilómetro de altura cerca del polo sur. También cabe mencionar que una imagen tomada en 2004 mostraba a Japeto de forma “poligonal”, es decir, mostraba un perfil formado por “paneles” rectos en vez de una curva, aunque no fue posible captar de nuevo ese “efecto”. Una prueba a favor de esta estructura sería la capacidad de la luna de absorver las radiaciones como un avión invisible al radar, cuya superficie es también poligonal. De confirmarse este hecho, estaríamos ante ¿un satélite artificial?.

En este peculiar paisaje, según han descubierto científicos de la Universidad de Washington en St. Louis, el Instituto Lunar y Planetario y el Centro de Investigación Ames de la NASA, se producen las avalanchas de hielo más gigantescas de todo el Sistema Solar, con la excepción de Marte. Los derrumbamientos, realmente grandiosos y que parecen desafiar las leyes de la física, aparecen descritos en el último número de la revista Nature Geoscience.

Los investigadores han identificado 30 avalanchas masivas de hielo en las imágenes de la Cassini. 17 se hundieron en las paredes de los cráteres y 13 se deslizaron por los toboganes de la cordillera ecuatorial. El hielo alcanza en su caída altísimas velocidades, pero entonces sucede algo extraño. De alguna manera, su coeficiente de fricción baja y comienza a fluir en lugar de desplomarse, viajando muchísimos kilómetros antes de que se disipe la energía de la caída y se detenga completamente.

Las avalanchas de hielo en Jápeto no son solo gigantescas, sino que son más grandes de lo que deberían ser dadas las fuerzas que los científicos creen las ponen en movimiento y las llevan hasta el final.

El equivalente de la avalancha de hielo de Jápeto en nuestro planeta es un raro desprendimiento de tierra llamado «sturzstrom», que se caracteriza por tener un gran desplazamiento en sentido horizontal 20 o 30 veces más largo que su caída vertical. Incluso puede subir cuesta arriba. Estos deslizamientos de tierra extraordinariamente móviles, que parecen extenderse como un líquido en lugar de desplomarse como rocas, desconciertan a los científicos desde hace mucho tiempo.

Es curioso que los resultados de los experimentos de radar que realizó la sonda Cassini el 31 de diciembre de 2004 sobre Iapetus no hayan sido aún publicados (mientras los que realizó sobre Phoebe se publicaron al cabo de unos días), cuando éstos podrían resolver el misterio del extraño comportamiento al radar de la luna, así que no cabe más que preguntarse qué está ocultando la NASA, quizás lo que ya he sugerido, que Iapetus es de hecho artificial.”La hipótesis del origen artificial de Japeto lleva siendo defendida desde hace años por Richard C. Hoagland desde su página Enterprise Mission. Observad también la curiosa comparación que hace Hoagland entre la Estrella de la Muerte de la película Star Wars y Japeto.


martes, 23 de enero de 2018

Mary King's Close

Mary King's Close es un importante callejón comercial del siglo XVII situado en la zona antigua de Edimburgo (Escocia). Hoy día se encuentra tapiado por el edificio de la City Chamber, el actual ayuntamiento de la ciudad.

La Royal Exchange, como en un principio fue llamado este gran edificio del considerado arquitecto John Adam, empezó a construirse en 1753 sobre los cimientos de cinco callejones de la ciudad: Stewart Close, Pearsons Close, Allan Close, Craig Close y, por último y más importante, Mary King's Close, quedaron sepultados por él. Actualmente, este complejo de callejuelas congeladas en el tiempo desde el siglo XVII forma un laberinto en las profundidades del centro histórico de la ciudad, y es lo que llaman "la ciudad subterránea" de Edimburgo.

La peste

Durante la Navidad de 1644, la plaga, que tal vez fuera traída por barco desde la Europa continental y entrase por el puerto de Leith, fue propagada por las pulgas de las ratas, y cruzó rápidamente todo el país. En primer lugar llegó a Edimburgo, luego se extendió al oeste y al norte, y durante los siguientes 18 meses mató a una parte sustancial de la población escocesa.

A pesar del mito perdurable, las víctimas de la plaga nunca fueron tapiadas en el callejón para dejarlas morir de hambre. De hecho, había una larga tradición de cuarentena organizado en la ciudad. Durante los brotes, las personas infectadas con la plaga se encerraban en su casa e indicaban su situación mostrando una bandera blanca pequeña por la ventana. En respuesta, el pan, la cerveza, el carbón, y en ocasiones incluso vino, se les entregan diariamente, y un médico especialista podía visitarlos para llevar a cabo el drenaje de los bubones: los ganglios linfáticos llenos de pus que amenazaban con llevar al paciente a la muerte por septicemia. Algunas personas pasaban la cuarentena en chozas de madera (ludges) fuera de la ciudad, en Sciennes Boroughmuir, o en el King's Park, para quedarse allí de dos a seis semanas hasta pasar el peligro o morir.

Con los tratamientos médicos limitados y a menudo peligrosos de la época, los médicos podían hacer muy poco para ayudar. Llevaban la llamada "máscara de la peste", que era de cuero y en forma de pico, y ahí despositaban hierbas para tratar de protegerse a sí mismos, pero muchos murieron. John Paulitious, el primer médico oficial de la plaga de Edimburgo, fue una de esas víctimas. Sin embargo, los riesgos no eran sin compensación alguna. El salario de Paulitious se había ido incrementando de 40 a 80, y después a la increíble suma de 100 libras escocesas al mes. Su sucesor fue el doctor George Rae, quien lo reemplazó el 13 de junio de 1645.

El Dr. Rae iba vestido de pies a cabeza con cuero grueso, con la máscara de pájaro, con una capa de cuero y unos guantes largos para visitar a las víctimas de la peste porque en ese momento se creía que la plaga se había extendido por miasmas, lo que se pensaba que era "aire malo" que desprenden los cuerpos enfermos, y toda esta vestimenta actuaba como armadura para prevenir los efectos de tales miasmas. Más tarde se demostró que la plaga se extendía por las picaduras de las pulgas, y que el cuero había impedido que las pulgas del paciente mordieran al médico.

En noviembre, el Dr. Rae negoció otras 10 libras escocesas por mes, pero en el otoño de 1646 lo peor vino a Edimburgo, y el ayuntamiento no se pensó por un segundo pagarle lo que pedía. Diez años después del último brote importante de la peste en Escocia, George Rae todavía estaba luchando para que le pagasen. Con el tiempo, ganó y reclamó una pensión anual sin precedentes: de 1.200 libras escocesas.

La leyenda más famosa

Desde la clausura del Mary King’s Close comenzaron a extenderse todo tipo de leyendas y mitos protagonizados por los antiguos habitantes del callejón, pues se creía que sus fantasmas vagaban todavía entre sus muros.
Annie es una de las habitantes más conocidas de este callejón; fue “descubierta” por una medium japonesa llamada Aiko Gibo que, visitando el callejón, sintió su presencia. Según el relato de Gibo, Annie fue una niña huérfana cuyo espíritu deambulaba desde hace siglos por el Mary King’s Close en busca de la muñeca que perdió.

La mujer decidió dejar una muñeca sobre un arcón para que “acompañase” a la pequeña, y los visitantes continuaron con la tradición dejando desde entonces juguetes y peluches en el mismo lugar (que, por cierto, cada cierto tiempo tienen que ser retirados y donados a una asociación benéfica).

Turismo ante todo

No vamos a negar que se trata de una visita muy turística. Es una buena forma de recorrer el pasado de la ciudad y disfrutar de una experiencia diferente. Al Mary King’s Close solo se puede entrar con una visita guiada, y en este caso nos parece una buena decisión, pues los guías que realizan los recorridos por este viejo callejón conocen cada detalle de su historia y nos ayudarán a pasar un rato realmente divertido.

Hay que subir y bajar varios tramos de escaleras durante la visita al Mary King’s Close, y lamentablemente el recorrido no está adaptado para personas con movilidad reducida.Eso sí, el Mary King’s Close está a más de 20 metros de profundidad (por algo se conoce la zona como la “ciudad subterránea” de Edimburgo) y el ambiente es húmedo, oscuro y de espacios estrechos y algo claustrofóbicos. Son muchos los viajeros que afirman haber vivido algún tipo de experiencia paranormal al visitar el callejón.