jueves, 14 de diciembre de 2017

Los espectadores que la noche del 22 de noviembre de 1987 estaban viendo The Nine O'Clock News, el programa informativo nocturno de la emisora WGN-TV (Canal 9) de Chicago, no tenían ni idea de la sorpresa que les aguardaba. Durante la sección de deportes, mientras se emitía un vídeo con el resumen del partido de fútbol americano que esa tarde habían disputado los Chicago Bears y los Detroit Lions, las pantallas se quedaron súbitamente en negro.

Después de unos 15 segundos a oscuras, apareció la imagen de un hombre, disfrazado con una máscara de goma de Max Headroom (un personaje muy popular de la televisión británica, interpretado por el actor Matt Frewer) y gafas de sol, situado delante de un fondo que imitaba el decorado habitual de las apariciones del personaje.

El incidente Max Headroom
El autentico Max Headroom
Durante algo más de medio minuto, aquel hombre se dedicó a dar saltos y moverse de un lado a otro (la señal intrusa no tenía sonido, sólo un zumbido monótono e irritante) hasta que los ingenieros de la WGN pusieron fin a la intromisión cambiando la frecuencia de la señal enviada desde sus estudios al centro repetidor.

El presentador de los deportes, Dan Roan, sólo atinó a decir "Bueno, si ustedes se están preguntando qué acaba de pasar, yo también".

Pero no iba a ser esa la única aparición de la misteriosa emisión pirata. Un par de horas después, a eso de las 23:15, otra cadena local de Chicago, la WTTW (Canal 11), miembro de la red nacional de televisiones públicas, fue víctima del mismo intruso desconocido.

Mientras se emitía un capítulo de la conocida serie de ciencia-ficción Doctor Who apareció de nuevo el mismo personaje, esta vez con sonido (aunque distorsionado).

 Anuncio de la New Coke (protagonizado por el verdadero Max Headroom)

Durante minuto y medio, el extraño sujeto pronunció una retahila de frases inconexas y confusas, tarareó la sintonía de unos dibujos animados, parodió un anuncio de la New Coke (protagonizado por el verdadero Max Headroom) e incluso se bajó los pantalones para que un cómplice le azotara el trasero con un matamoscas.

Finalmente, la señal intrusa cesó por si misma (la WTTW no tenía técnicos de guardia a esas horas para resolver el problema).

La noticia acaparó portadas y provocó un gran alboroto, pero a día de hoy sigue sin saberse nada de sus responsables, ni quiénes fueron ni cuáles eran sus intenciones. Piratear una señal de televisión no es fácil; se necesita un equipo potente y amplios conocimientos técnicos, pero nadie reivindicó jamás el ataque. El "Incidente de Max Headroom" se convirtió en el caso de jamming (intrusión en una señal) más famoso de la historia de la televisión.



El incidente Max Headroom(grabado durante la emision de Doctor Who)
 
Ninguna de las diversas teorías expuestas a lo largo de los años (una broma interna de alguien de dentro de los canales, un intento de sabotaje por parte de la competencia o la venganza de algún ex-empleado) ha logrado encontrar prueba alguna que la respalde. Hoy en día se conservan grabaciones de la misteriosa emisión gracias a que varios espectadores de la WTTW estaban grabando en sus casas el episodio de Doctor Who que se estaba emitiendo.

jueves, 30 de noviembre de 2017

En un día soleado de mayo de 1964, Jim Templeton llevó a su esposa e hija a un día de campo cerca de Burgh by Sands, con vistas al Fiordo de Solway en Cumbria, Inglaterra. Jim era una amante de las fotografías y no paraba de fotografiar a su familia con su Kodak SLR. Hizo una serie de tres fotos en una rápida sucesión de su hija sentada en la hierba con un ramo de flores silvestres. En la primera y tercera fotografía no parecía haber nada extraño, pero en la segunda fotografía había una extraña figura detrás de la cabeza de su hija.
Jim y su familia no vieron la anomalía en la fotografía hasta que recogieron sus fotos. El fotógrafo que reveló las fotos señaló la anomalía a Jim, quien se quedó estupefacto y no pudo dar ninguna explicación para la enigmática figura.

Poco después, diversos medios de comunicación del país publicaron la noticia, y la familia comenzó a recibir cartas de personas de todo el mundo, sugiriéndoles diversas teorías para la figura humanoide vestido con un traje blanco y con un casco.

Poco después ocurrió otro giro en la historia de la enigmática fotografía, cuando un técnico que trabajaba en la zona de lanzamiento de cohetes Blue Streak de Woomera, Australia, se puso en contacto con él. Este técnico le explicó que después de ver su fotografía, recordó que su equipo observó dos figuras idénticas delante de las cámaras de seguridad en la plataforma de lanzamiento, por lo que el lanzamiento tuvo que ser abortado.

Todo esto ocurrió sólo un par de horas después de que Jim hiciera su fotografía en Inglaterra. El técnico también le dijo que curiosamente los misiles Blue Streak fueron fabricados en un emplazamiento militar de la Real Fuerza Aérea (RAF), a tan sólo 40 kilómetros de Burgh le Marsh, Lincolnshire, Reino Unido.

¿Qué sucedió realmente?

Ya en 2008, 44 años después del día de campo de la familia Templeton, Jim concedió una entrevista a la BBC reafirmando su historia sobre la misteriosa fotografía.

Fuimos a hacer un excursión y nos ubicamos en ese lugar”, dijo Jim Templeton en una entrevista a la BBC antes de su muerte en 2011. “Nos sentamos y le dije a mi hija: Ahora te voy a hacer algunas fotografías con el nuevo vestido, sin esperar que ocurriera esto.



Jim se refería a “esto” a las décadas de debate sobre la misteriosa figura que aparece detrás de su hija, Elizabeth, y que fue publicada en los medios de comunicación de todo el mundo. Y como no, para los ufólogos, estaba claro. Un traje blanco; un casco; una visera oscura. Se trataba claramente de un astronauta. Aparte de su esposa, Annie y de su hija Elisabeth, Jim mantuvo que no había nadie más en Burgh le Marsh, con vistas al estuario de Solway en Cumbria.

A parte de la confesión de Jim, los expertos aseguran no vio la enigmática figura debido al “punto ciego” de su cámara Pentacon F que sólo le permitía ver el 70% de lo que la lente estaba fotografiando. Esta teoría es respaldada por otra fotografía tomada ese mismo día que muestra a su mujer, de nuevo mostrando el punto ciego de la cámara de Jim.

Así que parece ser que la confesión de Jim era sincera: no había nadie más con ellos ese día, y que realmente no vio más que a su hija cuando hizo la fotografía, además de que se ha demostrado que la imagen no ha sido manipulada, ni editada posteriormente o hecha a propósito de cualquier manera. Pero los más escépticos aseguran que Jim Templeton era plenamente consciente de que su anomalía en la fotografía era una simple pareidolia, pero que disfrutaba de la atención adquirida en los medios de comunicación de todo el mundo por la inquietante imagen.
 
Parece el vestido Azul de la madre de Elizabeth
Una de las posibles conclusiones

La verdadera clave de esta historia está en otra fotografía que se tomó aquella misma tarde en la que aparece la madre.

Annie, que era como se llamaba la madre de Elizabeth, aparece de rodillas sobre el cesped, vestida con un traje azul celeste sin mangas. La sobreexposición hace que el traje aparezca casi blanco, pero si aumentamos el contraste y corregimos el color, notamos que en traje tiene un amplio sobrecuello. También se aprecia que Annie es morena.
Contra teoria a la conclusion.

Si Jim no puede ser, porque está haciendo la foto, Elizabeth tampoco, porque sale en primer plano, entonces solo puede ser Annie. Si además la vestimenta y el color del pelo coinciden, poco más queda por añadir.

Aunque actualmente esta explicacion ha sido aceptada por todos, aunquye sigue habiendo discusion y contra teorias para desmontarla. ¿Que o a quien fotografió realmente Jim Templeton en aquel mayo del año 64?

martes, 7 de noviembre de 2017

Melificación

Bencao Gangmu
El Bencao Gangmu, también conocido como Compendio de Materia Médica, es el tratado de medicina china escrito por Li Shizhen durante la Dinastía Ming. Es la obra más característica de la medicina de ese periodo.

El Bencao Gangmu se considera el libro médico más completo y exhaustivo de toda la historia de la medicina china tradicional. Contiene todas las plantas, animales, minerales y objetos que supuestamente tenían propiedades medicinales.Ha sido traducido a más de 20 lenguas y publicado en todo el mundo. Incluso hoy día es utilizado como libro de referencia.

En él trata de múltiples facetas, desde la herboristería a la farmacología, pasando por técnicas sanatorias, enfermedades, animales, minerales, conceptos filosóficos e ilustraciones diversas. Li Shizen empleó veintisiete años en terminarlo y, de hecho, no llegó a verlo publicado.

Li Shizen
De esa obra se conservan cinco ejemplares originales, lo que nos permite saber que el autor recopilaba paladas de cal junto a otras de arena; así, identificó los cálculos biliares, sabía tomar el pulso, aplicaba hielo para bajar la fiebre y usaba vapor para intentar desinfectar ambientes, pero también creía que el plomo no era tóxico, por ejemplo.

En cualquier caso, lo importante para lo que nos ocupa es que el Bencao gangmu, en un capítulo dedicado a las momias, registra el dato de que en Arabia se empleaba la técnica de la melificación.

Melificación humana

La fuente de información de Li Shizen no era de primera mano, así que él mismo admitía no saber si la historia era cierta o no pero que la reseñaba para que los sabios decidieran. Y es que citaba una referencia de otra obra china, el Chogeng Lu (algo así como Habla mientras el arado descansa), del erudito Yuan Tao Zongyi (también conocido como Tao Jiucheng). Este autor, dos siglos anterior, narraba que algunos ancianos árabes cercanos a la muerte aceptaban someterse a ese tratamiento para ser útiles tras su fallecimiento.

No era para curarse, pues. Lo verdaderamente curioso está en que el sujeto debía empezar el proceso antes de morir, abandonando la comida normal para alimentarse exclusivamente de miel y bañándose también en ella a diario. Con ello se conseguiría que el paciente asimilara el producto tan intensamente que al cabo de un tiempo su sudor e incluso sus heces serían miel, básicamente. Llegaría entonces el óbito, bien por las deficiencias nutricionales, bien por la edad, y se pasaría a una segunda fase.

Bencao Gangmu
En ésta, el cadáver se metería en un sarcófago lleno de miel, con la fecha debidamente consignada, donde permanecería aproximadamente un siglo. Los restos humanos consecuentes de la putrefacción se mezclarían con la miel formando una sustancia que al cabo de ese tiempo y previo filtrado, constituiría el ingrediente principal de un poderoso fármaco capaz de curar heridas, fracturas y otras dolencias traumáticas con una dosis muy pequeña. Por lógica, dada la dificultad y complejidad del proceso, no se trataba de un medicamento barato.

¿Qué credibilidad histórica tiene la melificación? 
 
Entierro de Alejando Magno
Pues, sorprendentemente, los historiadores especializados afirman que existió: los asirios practicaban la melificación y el cadáver de Alejandro Magno fue recubierto de miel para preservarlo mientras se le trasladaba hasta su lugar de enterramiento; también han aparecido cuerpos así en el Cáucaso y en los monasterios birmanos. No obstante se trataba de un mero proceso de conservación, igual que en otros lugares se usaba la técnica de la momificación.

Quizá esa tradición se combinó con una aportación farmacológica árabe hoy perdida pero en ninguna fuente documental consta el empleo de cadáveres en ese campo, aunque sí el aprovechamiento de ellos o de alguna de sus partes en otros tiempos: por ejemplo, en la Antigua Roma se creía que la sangre de los gladiadores era buena contra la epilepsia y los conquistadores españoles (y los soldados de la época en general) solían usar grasa humana para restañar sus heridas, así como el polvo de momia (o sea, momias pulverizadas) se usó hasta finales de la Edad Moderna como medicamento y fertilizante, creando un auténtico tráfico de este producto hacia Inglaterra un siglo más tarde.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Linfen

Es difícil decir con certeza si ha amanecido ya en Linfen. El reloj marca las ocho de la mañana y la predicción del tiempo anuncia cielos despejados, pero una penumbra grisácea y espesa lo envuelve todo. Los coches que cruzan la avenida principal llevan las luces encendidas y la falta de visibilidad no permite distinguir edificios situados a 100 metros de distancia. Miles de personas caminan de un lado a otro hacia sus trabajos con los rostros cubiertos por mascarillas, abriéndose paso a través de la densa niebla de polución que mantiene la ciudad en tinieblas.

Si el Sol no se deja ver más de 20 días al año en este valle de la provincia china de Shanxi, en el corazón minero de China, es debido al inmenso manto tóxico que se cierne sobre sus habitantes y bloquea los cielos. La mitad de las fuentes de suministro de agua de la ciudad están envenenadas, los agricultores se han arruinado porque nadie quiere unas verduras que se presumen contaminadas y las tiendas de moda han dejado de vender ropas en colores claros porque, como dice una joven universitaria frente a un centro comercial, «en cuanto sales a la calle estás cubierta de polvo negro».


Linfen es una pesadilla medioambiental hecha realidad, la suma de todas las advertencias que los científicos llevan haciendo sobre el clima desde hace décadas y ejemplo del futuro que vaticinan los más pesimistas. La ciudad china es uno de los efectos secundarios de la que quizá haya sido la mayor transformación económica de la Historia en menos tiempo. Desde su apertura en 1979, China ha sacado a 400 millones de sus compatriotas de la miseria, ha logrado crear una pujante clase media y se ha situado en posición de reclamar su lugar natural dentro de las potencias internacionales. A cambio, el país ha cometido un suicidio medioambiental.

Dieciocho de las 20 ciudades más contaminadas del planeta están en China, sus cinco principales ríos están tan envenenados que en algunas zonas son dañinos incluso al tacto, la mitad de los bosques han desaparecido desde 1978 y monstruosas ciudades donde el verde no le ha ganado jamás un pulso al cemento se han impuesto como nuevo modelo urbano en las zonas industriales. Linfen es sólo una pequeña parte de un desastre ecológico fuera de control.


Peng Xinding es uno de los pacientes que viven conectados a tanques de oxígeno en la unidad de respiración asistida del principal hospital de la ciudad. La escasez de medios hace que los enfermos tengan que turnarse para conectarse a los tres respiradores disponibles. Los médicos de este centro de salud calculan que un día respirando el aire de Linfen equivale a fumar 30 cajetillas de tabaco y aseguran estar desbordados ante la crisis sanitaria que se les viene encima.

«Este ha dejado de ser un lugar donde los seres humanos puedan vivir», dice resignado Peng, que como tantos otros pensionistas de Linfen ha recibido la recomendación médica de no salir en ningún momento a la calle para evitar el aire.
 
Lejos quedan los tiempos en los que Peng paseaba bajo cielos azules y pasaba los domingos pescando en los ríos de su Shanxi natal. El desarrollo económico chino ha aumentado la demanda de energía y ha provocado una aceleración de la producción de carbón, que suministra el 70% de la energía nacional. Shanxi, una de las provincias más deprimidas, se ha convertido en uno de los vertederos del dióxido de carbono producido por las explotaciones mineras y las miles de fábricas que han aprovechado la falta de controles para desechar residuos libremente en valles, ríos y descampados. Lo que una vez fue conocido como el campo de las flores ha pasado a ser «la ciudad más contaminada del mundo».

 Los análisis realizados concluyen que el aire es aquí más tóxico que en Chernobyl y hasta cuatro veces más perjudicial que el peor que se pueda respirar en la más contaminada de las ciudades occidentales.

martes, 26 de septiembre de 2017

Julio Verne
Un profesor de arqueología de la Universidad de la capital francesa está realizando un aburrido trabajo de clasificación de material documental. De repente, revisando una caja de viejos legajos, una foto llama su atención.

El doctor Elouan Beauséjour, el protagonista de nuestra historia, acababa de tropezar con unas viejas fotos de la tumba de Julio Verne, situada en el Cementerio de la Madelaine, en Amiens (Francia). El sepulcro del autor de Veinte mil leguas de viaje submarino es cualquier cosa menos corriente. Del suelo donde está enterrado el ataúd surge una figura humana con la cara del escritor -se usó el molde mortuorio de cera para hacer la figura-, levantando la lápida con un golpe violento, aún medio envuelto en el sudario y con el brazo derecho apuntando hacia el cielo, como si quisiera retar a la muerte y demostrar que aún sigue vivo. Detrás de la figura se yergue la estela con el nombre del autor de La Isla Misteriosa y por su parte trasera hay una serie de extraños grabados de difícil interpretación.

La tumba de Julio Verne - Amiens (Francia)
Examinando esos grabados algo llamó la atención del doctor Beuaséjour. Parecía haber un patrón en ellos, algo que les dotaba de un significado oculto a plena vista durante todo este tiempo. Intrigado, amplió esos extraños dibujos y pronto llegó a la conclusión de que estaban conectados con varias de las obras universales de Julio Verne. Dichos grabados serían, según el doctor Beauséjour, indicadores para buscar un mensaje escondido entre las miles de páginas escritas por Verne a lo largo de toda su carrera. Eso le llevó a sumergirse durante meses en las novelas del escritor, buscando los puntos de conexión entre los textos y los símbolos que estaban esculpidos en la parte trasera de la lápida.

A medida que avanzaba en su investigación el doctor Beausejour descubrió, con un escalofrío de emoción, que las pistas indicaban un lugar. "Con esta información y usando complejos algoritmos de geolocalización, el equipo fue capaz de identificar el área en que podría localizarse algún objeto relacionado con Verne" según reza la nota de prensa difundida por la universidad parisina. En cuestión de horas el contenido del comunicado fue difundido por docenas de medios de todo el mundo, seducidos por la historia y por el marchamo de autenticidad que le daba una institución de tanto renombre como la Universidad Descartes de París.

A lo largo de las siguientes semanas, el equipo del doctor Beauséjour, comenzó a recorrer los Pirineos franceses junto con sus asociados del Club de Exploradores de Nueva York. Puede que el nombre de este club no les diga nada, pero entre sus miembros han estado Robert Peary, Roald Admundsen, Sir Edmund Hillary, Jacques Piccard o Neil Armstrong, entre otros insignes pioneros. El club de los mayores exploradores de todos los tiempos reforzaba así con su prestigio la búsqueda del tesoro perdido de Verne, que pese a no ser un gran viajero en persona (en realidad el francés apenas viajó) a través de su obra incendió la mente de varias generaciones y les hizo creer que la aventura estaba más allá del primer paso del camino y que los viajes son, en esencia, una de las más maravillosas experiencias que puede disfrutar el ser humano.

La búsqueda se fue concentrando en una zona de los Pirineos franceses, cercana a la Occitania. Allí, gracias al uso de drones y de un radar de penetración en tierra localizaron finalmente una pista que resultaba prometedora. En una zona boscosa, las imágenes del radar revelaban la existencia de una caja metálica de poco más de medio metro de largo con un asa a un lado, enterrada a poca profundidad.

Podemos imaginarnos la emoción del momento cuando los investigadores comenzaron a apartar capas de humus centenario en medio del bosque pirenaico, hasta dejar a la vista el terreno y poder comenzar a cavar. Al cabo de un rato un sonido metálico les hizo saber que habían tropezado con algo. Con cautela retiraron los restos de tierra y por fin pudieron extraer lo que estaba en el fondo del hoyo. Una caja oxidada, con un grueso candado manteniendo a buen recaudo sus secretos.


Imagen de la caja encontrada, segun la Universidad de Descartes
La noticia saltó inmediatamente a todas partes. Si hacen una búsqueda en internet verán que apareció de forma destacada en los principales diarios del mundo. La cápsula del tiempo de Verne, oculta durante más de un siglo, por fin había sido encontrada.

¿Qué diablos había dentro de la caja? Pues en un sorprendente giro de guión, el misterio debe esperar un poco más para ser resuelto. Al parecer, el largo tiempo pasado en los Pirineos y la acidez y humedad de la tierra habrían deteriorado bastante la caja, hasta el punto de hacer ilegibles los grabados que la recubrían y posiblemente habrían dañado de forma irremediable el contenido de la misma.

Por suerte la caja fue abierta durante este mes de septiembre, aqui podeis ver el video del proceso:


Contenia un catalejo, un cartabón, una moneda medieval, un anillo sencillo, un colgante y una llave. Entre otras de las piezas extraídas, encontraron un libro correspondiente a un tratado de minería y con varias referencias alquímicas, un libreto de cuero con documentación, un mapa de Europa con marcas sobre la región del Peloponeso, y un documento sobre las fases de la luna y diversas referencias numéricas. Una copia de un periódico neoyorquino del 1890, con una noticia que hace referencia a Nellie Bly, la periodista que consiguió batir el récord en dar la vuelta al mundo en tan sólo ocho días.



Lo más llamativo de los documentos, es la cantidad de anagramas, líneas y manuscritos realizados en simbologías y esquemas inicialmente irreconocibles, y que podrían tratarse de criptogramas o códigos de alguna sociedad secreta de la época.

Si creeis que esto es una laborada mentira, os invito a investigar un poco por Google, y si seguis dudando, os dejo el enlace de la notica de la Sexta y la Universidad de Descartes de Paris.